El recrudecimiento de las tensiones entre Israel e Irán podría fortalecer la posición negociadora de Teherán.

Los ataques de represalia de Israel contra Irán durante el fin de semana, a pesar del llamamiento del presidente estadounidense Donald Trump al primer ministro Benjamin Netanyahu para que cesara el fuego, amenazaron con sumir a Oriente Medio en otra ronda de confrontación directa entre Teherán y Washington.

Israel bombardeó objetivos en Irán por primera vez desde el alto el fuego de abril, después de que Irán lanzara misiles contra Israel, en lo que Teherán calificó de represalia por los ataques israelíes contra la capital del Líbano, Beirut.

La actual red de alianzas conflictivas y altos el fuego disfuncionales demuestra lo peligrosamente desestabilizada que sigue estando la región, más de tres meses después de que Estados Unidos e Israel lanzaran su guerra contra Irán.

Esta escalada también pone de relieve tres aspectos sobre la trayectoria actual de la guerra:

Tras el ataque con misiles de Irán contra Israel el domingo, Trump habló con varios periodistas y le dijo a uno de ellos que iba a «llamar a [Netanyahu] ahora mismo y decirle que no tomara represalias».

La implicación era que un contraataque israelí podría poner en peligro su ya de por sí frágil diplomacia con Teherán.

Horas después, Israel atacó a Irán. Trump declaró a la BBC el lunes por la tarde que los aviones israelíes «ya estaban en camino» cuando habló con Netanyahu.

En una breve conversación telefónica con la BBC, el presidente estadounidense negó que el primer ministro israelí lo hubiera desafiado, diciendo: «Si le digo que haga algo, lo hace».

A primera vista, Trump no logró detener a Netanyahu, lo que supone otra escalada en la tensa serie de intercambios entre ambos líderes.

«Estamos en la fase final de lo que será un acuerdo muy, muy bueno», dijo Trump el martes.

Al preguntársele si sería cuestión de días o semanas, respondió que podría tardar «dos o tres días» y que el estrecho de Ormuz se abriría inmediatamente después.