Según los informes, la ministra de Finanzas británica, Rachel Reeves, ya no planea aumentar los tipos del impuesto sobre la renta en los Presupuestos de Otoño que se presentarán a finales de este mes.
La creciente especulación en el período previo a la presentación del presupuesto, prevista para el 26 de noviembre, ha inquietado a los inversores.
Si las maniobras políticas fueran un baile, el Partido Laborista necesita un nuevo maestro. El primer ministro británico, Keir Starmer, y la ministra de Finanzas, Rachel Reeves, han estado bailando con cuatro pies izquierdos.
En primer lugar, Reeves insinuó que rompería la promesa del manifiesto laborista de aumentar el impuesto sobre la renta, una medida audaz, presentada como necesaria para tapar un agujero negro de 30.000 millones de libras (39.400 millones de dólares).
Luego, con un giro dramático, parece haber abandonado el plan por completo , optando aparentemente en cambio por un «abarrote» de impuestos más pequeños y umbrales congelados.
¿Cuándo un giro en U no es un giro en U?
Dos cambios de rumbo rápidos: uno sobre el impuesto sobre la renta y otro sobre el llamado «impuesto de salida» para los británicos ricos que abandonan el país.
Necesita un nombre, y no del tipo que se baraja en los pasillos del Parlamento.
Un simple giro en U no parece suficiente. ¿Dos giros en U? ¿Eso es un giro en O, un círculo perfecto para volver al punto de partida?
Pero la trayectoria de Reeves no es tan lineal. Quizás se trate de un giro en W: un zigzag de intenciones, un garabato fiscal en el mapa político. Hacia adelante, hacia atrás, de lado: un emblema de indecisión.
Pero, ¿basta con una simple carta para abarcarlo todo? Spoiler, para los fines de este artículo: no, no lo hace.
Reeves no se ha limitado a cambiar de rumbo. Ha dado vueltas, ha modificado y ha aderezado su estrategia con incentivos para diferentes facciones.
Por un lado, vemos la determinación thatcherista y sus frases clave: «decisiones difíciles» donde «todos deben poner de su parte». Al siguiente, se nos dice que esperemos «un presupuesto para el crecimiento con la equidad como pilar fundamental», dejando de lado las grandes subidas de impuestos a favor de congelaciones sigilosas de los umbrales y gravámenes sobre el juego.
Es menos una línea recta y más una espiral.
Lo que nos lleva a la verdadera metáfora: esto no es un giro en U, ni en O, ni siquiera en W. Es un giro como el de una rosquilla: un círculo brillante de movimiento político… con un mordisco gigante y un agujero en el medio, dejando a los mercados e inversores claramente inquietos.