El Stoke City, casi un campeón, tuvo uno de esos días contra el Southampton.
Les faltó energía, agresividad, intensidad y precisión en una actuación que debe considerarse una aberración.
Éste no fue el Stoke City que conocemos y eso puede atribuirse, al menos en parte, a una crisis de lesiones con la que nos estamos volviendo demasiado familiares.
Million Manhoef es el último jugador del primer equipo en unirse a la larga lista de pacientes que están siendo tratados por el personal médico del club y el gerente Mark Robins dice que no se espera que ninguno regrese antes del partido de la próxima semana en West Bromwich Albion.
Su capitán, Ben Wilmot, que acaba de recuperar su plena forma, se convirtió en el último jugador en decir con frustración que la situación es peor que cualquier otra que haya experimentado en su carrera.
Pero ahora existe un peligro real de que la temporada de los Potters se vea descarrilada por problemas físicos de muchos jugadores clave.
La brecha entre ellos y los play-offs se está ampliando y los próximos tres o cuatro partidos pueden ser decisivos para decidir si tendrán mucho que hacer cuando lleguen los refuerzos.
Una o dos incorporaciones antes de la fecha límite de transferencias y algunos resultados positivos en las próximas semanas cambiarán esa narrativa, pero hay un nerviosismo palpable entre la base de fanáticos.
El próximo mes podría definir la temporada del Stoke.
